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XX Jornadas de Astroturismo «Cielos de Gorafe»

Miguel Ángel Pugnaire, durante su conferencia sobre geografía celeste en Gorafe.
Miguel Ángel Pugnaire, durante su conferencia sobre geografía celeste en Gorafe. Foto: Leo Lázaro.

El pasado sábado, 5 de junio, Gorafe volvió a apagar su alumbrado público para abrazar el cielo estrellado de la mano de Turismo Astronómico, durante las XX Jornadas de Astroturismo «Cielos de Gorafe». A pesar de las tormentas de la tarde, este pequeño pueblo situado en el corazón del Geoparque de Granada acogió una vez más a un buen número de visitantes que llenaron su casa de la cultura para escuchar la tradicional conferencia de Miguel Ángel Pugnaire (El Nido del Astrónomo), que en esta ocasión versó sobre geografía celeste: un fascinante recorrido desde el disco del Sistema Solar hasta la estructura en esponja del universo a gran escala. Como de costumbre, al caer el Sol montamos nuestros telescopios en la plaza que hay sobre el Centro de Interpretación del Megalitismo, bajo un cielo todavía cubierto de nubes. La estrella de la sesión de observación sería el flamante telescopio Celestron EdgeHD 14″ (355 mm de apertura) que desde AstroNatura hemos suminisatrado a Turismo Astronómico para su instalación en el futuro Complejo Astronómico Los Coloraos, y que vería su primera luz esa misma noche en cuanto el cielo se despejara. Finalmente, las nubes terrestres se fueron retirando para cederle el protagonismo a las nubes galácticas y permitir que el nuevo telescopio entrara en acción, deleitando a los asistentes con asombrosas vistas de estrellas dobles, cúmulos globulares, nebulosas planetarias y galaxias remotas.

Miguel Ángel Pugnaire muestra una captura de una galaxia a través del Celestron EdgeHD 14" en Gorafe
Miguel Ángel Pugnaire muestra una captura de una galaxia a través del Celestron EdgeHD 14″ en Gorafe. Foto: Leo Lázaro.

A lo largo del verano, el pueblo de Gorafe volverá a apagarse en repetidas ocasiones para encender sus estrellas y que podamos contemplarlas en todo su esplendor, alejados de grandes núcleos de contaminación lumínica, como lo han hecho desde el Neolítico los pobladores de este singular enclave. Las próximas jornadas de astroturismo en Gorafe durante lo que resta de año tendrán lugar en las siguientes fechas: 17 de julio (Especial Luna), 13 de agosto (Especial Perseidas) y 11 de septiembre (Hacia el Equinoccio de Otoño).

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Castillo de La Calahorra, con telescopio Sky-Watcher EvoStar 80ED

Castillo de La Calahorra, con telescopio Sky-Watcher 80ED y reductor 0,85x
Castillo de La Calahorra, con cámara Canon EOS 6D (full frame) acoplada en telescopio Sky-Watcher 80ED con reductor 0,85x; 1/800 s; ISO 250. Imagen sin recorte (pinchar para ver en su tamaño original de 5472×3648 píxeles).

Muchas veces imaginas la composición de una foto y empiezas a estudiar la posibilidad de materializarla en una imagen real. Escudriñas el mapa mirando la dirección aproximada en la que tienes que disparar para conseguir el encuadre y buscas un sitio favorable donde montar el telescopio a una distancia suficiente para capturar la Luna bien grande elevándose -o posándose- sobre el castillo. Pero entonces llegas al lugar para descubrir sobre el terreno que el ángulo de visión que necesitas es imposible desde tal distancia, o simplemente las nubes aparecen por el horizonte en el momento (in)oportuno para robarte el encuentro de nuestro gran satélite con el castillo. Otras veces, sin embargo, encuentras un sitio ideal para capturar el momento y haces un puñado de fotos estupendas con un cielo completamente despejado. Aún así, puede que te des cuenta de que si vuelves a intentarlo al día siguiente tendrás la oportunidad de conseguir una estampa incluso mejor, con la Luna más crecida, completamente llena, contrastando mucho más contra un cielo que raya el crepúsuculo. Así que vuelves y montas de nuevo tu telescopio, aunque te encuentras que ese día las nubes sí quieren ser protagonistas; pero al final resulta que no han venido para arruinar tu foto sino más bien lo contrario: realzan la escena añadiendo un poco de dramatismo y complementando el paisaje con el celaje.

La imagen que comparto aquí fue tomada a mediados de junio de 2019 en La Calahorra (Granada), en torno a una distancia de 1,5 kilómetros del castillo, empleando el estupendo telescopio 80ED de Sky-Watcher con el reductor de focal 0,85x específico de la misma marca, para funcionar como un teleobjetivo de 510 mm f/6,4 con la cámara EOS 6D de Canon, que equipa un sensor de formato completo (full frame). Este telescopio refractor de 80 mm de apertura y 600 mm de distancia focal cuenta con un doblete de lentes cuyo elemento de tipo crown (baja dispersión) está hecho con vidrio FPL-53 de la reputada firma alemana Schott. El sistema de lentes reductoras de la distancia focal empleado cumple, además, la función de aplanar el campo, lo que lo convierte en un complemento necesario para obtener capturas de alta nitidez hasta los márgenes, especialmente en full frame, más allá de acortar los tiempos de exposición. El Sky-Watcher 80ED es un telescopio de peso moderado (unos 2,5 kilos) pero con una longitud superior a 60 centímetros que hace aconsejable montarlo en un trípode bastante sólido, teniendo en cuenta además lo que engorde con la cámara y otros complementos que le carguemos.

El castillo de La Calahorra es una fortaleza renacentista singular, que atrapa tu mirada cada vez que pasas por el tramo de la autovía A-92 entre Guadix y Almería, con el marco privilegiado de Sierra Nevada inmediatamente detrás. Fue construida a principios del siglo XVI por el primer marqués del Zenete sobre una colina desde la que dominaba majestuosa el marquesado -hasta que las formidables minas de Alquife le robaron protagonismo-, empleando para su ornamientación interior a artistas italianos, así como elementos de mármol de Carrara y otras piedras traídas desde Italia.

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Herrerillo capuchino, con telescopio Celestron C90 Mak

Herrerillo Capuchino, con telescopio Celestron C90 Mak
Herrerillo capuchino, con cámara Sony A6300 (APS-C) acoplada a foco primario en telescopio Celestron C90 Mak; 1/125 s; ISO 160. Imagen sin recorte (pinchar para ver en su tamaño original de 6000×4000 píxeles).

Hay momentos en que notas un ambiente especialmente favorable para capturar una imagen perfecta tal cual la registra en crudo la cámara, con el Sol de la mañana creando interesantes juegos de luces y sombras, y el aire calmado, fresco aún, brindándote una gran nitidez de imagen desde una distancia considerable. Entonces, solo es cuestión de que algún caprichoso pajarillo entre en escena para posarse en un sitio apropiado, durante el tiempo suficiente para encuadrarlo y enfocar el telescopio. Uno de esos momentos durante la primavera pasada me permitió capturar esta foto, protagonizada por un precioso herrerillo capuchino en la Sierra de Huétor (Granada), empleando el telescopio Celestron C90 Mak a modo de teleobjetivo de 1250 mm f/13,9 con la cámara Sony A6300, de formato APS-C, que equivaldría a trabajar con un teleobjetivo de unos 1900 mm en full frame.

El C90 Mak de Celestron es un telescopio versátil, interesante para observación y fotografía de fauna salvaje, porque ofrece una gran calidad de imagen en un formato compacto y ligero, con la capacidad de enfocar desde poco más de cuatro metros de distancia. Está dotado de una óptica Maksútov-Cassegrain de 90 mm de apertura y 1250 mm de longitud focal apta para observación astronómica de altos aumentos, sin mostrar aberraciones notables, aunque con el inconveniente de carecer de profundidad de campo cuando se usa como telescopio terrestre. El nivel de viñeteo es aceptable -máxime si tenemos en cuenta su precio asequible- usándolo como teleobjetivo con cámaras de formato APS-C o menor montadas a foco primario (sin elementos ópticos intermedios). Sin duda, el C90 Mak es uno de mis telescopios favoritos para salir a fotografiar aves… y el herrerillo capuchino uno mis pájaros favoritos.

El herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) es un ave muy pequeña (menos de 12 centímetros de longitud), inquieta e inconfundible por su llamativa cresta. Pertenece a la familia de los páridos (Paridae), como los carboneros, y es un habitante común de nuestros pinares. Se alimenta de arañas e insectos, así como de semillas durante el invierno.